Cremallera y piñón: rotación a lineal y viceversa

11 min readUpdated jun 2026

Un piñón es un engranaje que engrana con otro engranaje. Una cremallera es lo que pasa cuando coges ese segundo engranaje y estiras su radio hasta el infinito: los dientes, que antes corrían sobre un círculo, ahora corren sobre una recta. El piñón rueda sobre esa recta y, al hacerlo, la empuja a lo largo. Eso es todo el mecanismo. Es la forma más directa de convertir un giro en un desplazamiento recto y largo, y está en todas partes: la dirección de un coche, un elevador, el eje de una máquina, una puerta corredera. Lo difícil no es la idea. Lo difícil, en FDM, es que el piñón no se salga de la cremallera al primer empujón con carga.

El piñón rueda sobre una recta

La cinemática es la de dos engranajes cualesquiera, con una de las dos ruedas de radio infinito. Cuando el piñón gira una vuelta completa, su circunferencia primitiva ha desenrollado toda su longitud contra la cremallera, así que la cremallera avanza exactamente esa circunferencia: el número de dientes del piñón multiplicado por el paso. Un piñón de 20 dientes y módulo 2 tiene un paso circular de π·m ≈ 6,28 mm por diente, de modo que cada vuelta desplaza la cremallera unos 20 · 6,28 ≈ 125,6 mm. Ese número, el avance lineal por vuelta, es la relación de transmisión del mecanismo. Se lee directamente de la geometría del piñón, sin más cálculo.

La relación es reversible, y conviene tenerlo presente porque cambia la forma de dimensionarlo. Si mueves el piñón, empujas la cremallera: giro a lineal, el caso de una dirección o un elevador accionado a mano. Si empujas la cremallera, haces girar el piñón: lineal a giro, que es como lees una posición lineal con un encoder rotativo o como una puerta arrastra un mecanismo al deslizar. En el primer sentido el piñón manda; en el segundo, manda la cremallera. La reversibilidad también significa que el mecanismo no es autobloqueante por diseño, a diferencia de un husillo de paso fino: con ángulo de presión estándar y poca fricción, una carga que tire de la cremallera tenderá a hacer girar el piñón hacia atrás. Pero «no autobloqueante» no es lo mismo que «siempre retrocede»: con módulos pequeños, fricción alta entre capas y avances grandes por vuelta, el par de retorno puede no bastar para vencer la fricción estática. No te fíes del engrane como freno; si necesitas que la carga se quede quieta, pon un freno de verdad.

Módulo y ángulo de presión: la cremallera es el mismo perfil

El piñón y la cremallera tienen que compartir módulo y ángulo de presión, exactamente igual que dos engranajes que engranan entre sí. El módulo fija el tamaño del diente —el paso es π·m— y el ángulo de presión (20° es el estándar) fija la inclinación del flanco que transmite el empuje. Si no coinciden, los dientes no casan: toman contacto en un punto y chocan en el resto, con contacto de pico contra flanco que eleva la carga local y acelera el desgaste. La cremallera no es un perfil aparte que haya que adaptar; es el mismo diente del engranaje con el radio primitivo llevado al infinito. Por eso el flanco, que en un engranaje es una curva de evolvente, en la cremallera se convierte en una recta inclinada exactamente según el ángulo de presión, medido respecto a la perpendicular a la línea primitiva. Por eso un generador de cremalleras correcto produce flancos rectos: no es una simplificación, es el límite geométrico de la evolvente cuando el radio crece sin límite.

De ahí sale una propiedad cómoda: la cremallera puede ser tan larga como quieras empalmando tramos. Pero el empalme tiene una condición que es fácil de pasar por alto y cara de descubrir una vez montado el conjunto.

Orienta la cremallera tendida y el piñón plano

La orientación en FDM decide si los dientes aguantan o se desmoronan. La cremallera se imprime con la barra tendida a lo largo de la cama y los dientes apuntando hacia arriba. Así cada diente crece capa sobre capa desde su base, sin voladizo, y los flancos que transmiten el empuje quedan a lo largo de los cordones de extrusión en vez de cruzar el plano débil entre capas. Si la imprimieras de canto, con los dientes saliendo de lado, cada flanco sería una superficie en voladizo que el laminador rellenaría con soporte o degradaría con el escalonado, y la carga de empuje tiraría de separar capas justo en el punto de contacto.

Cuidado, porque «dientes arriba» mitiga el problema de capas pero no lo elimina: el diente sigue siendo una pila de capas horizontales, y el empuje tangencial genera un momento flector en su base que tiende a abrir la unión entre capas justo en la raíz, que es donde el momento es máximo. La orientación coloca el plano débil en el sitio menos malo, no lo hace desaparecer. Dale a la raíz del diente perímetros suficientes para que la base trabaje como material continuo y no como una soldadura fina entre dos capas.

El piñón se imprime plano, tumbado sobre una de sus caras, por la misma razón que cualquier engranaje: los dientes quedan en el plano de las capas, y el agujero del eje, perpendicular a la cama, sale más cilíndrico que si la pieza se imprimiera de canto. La lógica completa de por qué la orientación cambia el modo de fallo está en Orientación de capas para el movimiento.

Esa orientación, óptima para la impresión, crea sin embargo el problema central del mecanismo: nada mantiene al piñón pegado a la cremallera. En dos engranajes, los dos ejes están fijos en un bastidor y la distancia entre centros no se mueve. Aquí el piñón viaja a lo largo de una cremallera recta, y si no hay nada que lo sujete a profundidad constante, el primer diente que empuje con carga lo levantará y lo hará trepar fuera del engrane.

La guía es la mitad del mecanismo

La distancia entre el eje del piñón y la línea primitiva de la cremallera tiene que mantenerse constante a lo largo de todo el recorrido. Esa distancia es la profundidad de engrane, y de ella depende cuánto se solapan los dientes. Si el piñón se separa, los dientes toman contacto cada vez más por la punta, el solape cae, y llega un momento en que la punta de un diente resbala sobre la punta del otro en lugar de empujar por el flanco: el piñón salta un diente. Una vez que salta uno, ha perdido la referencia de posición y suele saltar en cadena. Por eso una guía paralela —un carril, un par de varillas, un patín que abrace la cremallera— no es un accesorio: es lo que convierte el engrane en un mecanismo que funciona.

La guía tiene dos fuerzas que vencer, no una. La primera es la componente radial: el empuje no es puramente tangencial, y el ángulo de presión le añade una componente que tiende a abrir el engrane y separar el piñón de la cremallera. La segunda, más fácil de pasar por alto, es un momento de cabeceo: la fuerza tangencial se aplica a la altura de la línea primitiva, a cierta distancia de los apoyos de la guía, y ese brazo de palanca tuerce el carro del piñón. Si la guía es corta —poca separación entre los dos puntos de apoyo—, ese momento cabecea el carro y la profundidad de engrane vuelve a variar aunque la guía no tenga apenas juego. Guía apretada, sí, pero también con base larga: separa los apoyos lo suficiente para que el momento no se traduzca en cabeceo.

En cuanto a holguras, conviven dos que no conviene confundir. Una es el backlash, el hueco entre flancos que necesitas para que el engrane no se agarrote, exactamente el mismo que en cualquier par de engranajes impresos: lo suficiente para que el diente entrante no choque con el saliente cuando el material se ensancha al imprimir, sin tanto juego que el mecanismo golpetee al invertir el sentido. La otra es la holgura de la guía sobre su carril: aquí quieres lo contrario, el mínimo juego deslizante posible, porque cualquier holgura en la guía se traduce directamente en variación de la profundidad de engrane —el piñón se aleja de la cremallera y se acerca a ella según baile el patín— y reaparece el salto de diente. Backlash justo para no agarrotar, guía apretada. Y un matiz que depende de la aplicación: en un eje vertical que sostiene carga, un backlash holgado introduce caída y juego muerto al invertir el sentido, así que ahí te interesa el mínimo viable, no el generoso. Ambos valores salen de la misma calibración de la impresora que cualquier otro ajuste; lo tienes desarrollado en Tolerancias para piezas que se mueven.

Cremallera y piñón en FDM: las cinco cotas que deciden
Cota Criterio Si no se cumple
Módulo y ángulo de presión Idénticos en piñón y cremallera Los dientes no casan, contacto de pico
Profundidad de engrane Constante en todo el recorrido (guía) El piñón trepa y salta dientes
Backlash entre flancos El justo para no agarrotar al ensanchar El diente se agarrota al ensancharse
Holgura de la guía Mínima, deslizante sin juego, base larga Varía la profundidad y salta
Paso en la junta de empalmes Exactamente un paso a través de la junta Salto o traba en el empalme

Cuándo es la herramienta correcta

La cremallera y piñón es lo que pones cuando necesitas un desplazamiento recto y largo y los otros candidatos se quedan cortos. Un husillo da una guía rectilínea precisa, y de una entrada puede ser autobloqueante, pero avanza su lead por vuelta —típicamente pocos milímetros en husillos de una entrada— mientras la cremallera avanza una circunferencia entera. Y ahí está el truco: en el husillo, velocidad y autobloqueo están reñidos. Para igualar la velocidad de una cremallera tendrías que ir a un husillo de avance rápido (trapezoidal multientrada o de bolas), que precisamente por su alto ángulo de hélice deja de ser autobloqueante. No puedes tener a la vez «rápido como la cremallera» y «autobloqueante» en un mismo husillo.

Un eslabonamiento (un cuadrilátero articulado, un Scott-Russell) te da movimiento lineal sin guía, pero con recorrido limitado: la geometría solo es buena en un tramo corto y se curva o se atasca fuera de él. La cremallera, en cambio, da un recorrido tan largo como barra tengas, y a velocidad alta, a cambio de exigir una guía robusta y de no autobloquearse. Direcciones, elevadores de tijera asistidos, ejes de máquina, mesas que recorren todo su largo: ahí es donde gana.

Los modos de fallo, para tenerlos a mano cuando algo va mal, son tres. El salto de diente aparece cuando la guía no mantiene la profundidad; es el más común y casi siempre un problema de rigidez del carril, no de los dientes. La rotura de un diente de la cremallera llega bajo una carga puntual fuerte, porque toda la fuerza recae sobre el par de dientes en contacto en ese instante y un diente impreso es más frágil entre capas que uno mecanizado. Y la discontinuidad de paso en las juntas de cremalleras empalmadas se manifiesta como un tirón o un salto siempre en el mismo punto del recorrido. Los tres se diagnostican rápido: si salta por todas partes, es la guía; si se rompe bajo carga, aumenta el módulo o reparte el empuje (más altura de engrane, un piñón helicoidal o doble, o más perímetros en la raíz del diente); si falla siempre en el mismo punto, mide el paso en esa junta.

Si vas a accionar el piñón a mano y te preocupa que se suelte bajo la carga de retorno, el siguiente paso es decidir cómo fijas el piñón a su eje sin que patine ni se raje el cubo: lo tienes en Tolerancias para piezas que se mueven, donde el ajuste entre el eje y el agujero es justo lo que mantiene el par transmitido sin holgura.