Familia cónica (cónico, espiral, corona, hipoide): transmisión a 90 grados

14 min readUpdated jun 2026

Hasta ahora todos tus engranajes vivían en el mismo plano: ruedas paralelas que se pasan el giro entre ejes que corren en la misma dirección. Pero llega el momento en que el movimiento entra por un eje y tiene que salir por otro perpendicular —un taladro de columna, un diferencial, un mecanismo que dobla la esquina—, y ahí la rueda plana no sirve. Necesitas un engranaje cuyos dientes no estén sobre un cilindro, sino sobre un cono. Esa es la familia cónica: la forma de doblar la transmisión en ángulo. Y en FDM esconde dos trampas que no tienen los engranajes paralelos, una en la pieza y otra en el montaje, y ninguna de las dos perdona.

La cinemática es la de dos conos que ruedan sin resbalar

Un engranaje cilíndrico se entiende como dos círculos primitivos que ruedan uno contra otro sin deslizar; los dientes solo existen para que no patinen. El cónico es exactamente la misma idea elevada una dimensión: en lugar de dos círculos, dos conos primitivos que ruedan apoyados por su superficie lateral. La clave geométrica, la que lo hace funcionar, es que los vértices de los dos conos coinciden en un único punto: el punto donde se cruzan los ejes. Por eso, cuando montas un par cónico para transmitir a 90°, los dos conos comparten ápice y sus superficies ruedan una sobre otra sin que haya un deslizamiento neto a lo largo de la línea de contacto. El giro entra por un eje, llega al vértice común y sale por el otro, doblado en ángulo.

Esa condición del vértice común tiene una consecuencia que conviene fijar antes de seguir: el diente cónico no es prismático. Es más alto y más ancho en el extremo grande del cono y se estrecha hacia el vértice, porque toda la geometría del diente —módulo, altura, espesor— escala linealmente con la distancia al ápice. Un engranaje cilíndrico puedes extruirlo: el perfil del diente es el mismo de arriba abajo. Un cónico no; cada sección a lo largo del diente es una versión a escala de la anterior. Esa es la raíz de casi todo lo que lo complica, tanto al modelarlo como al imprimirlo.

Lo que no cambia respecto al cilíndrico es la ley de transmisión. La relación sigue siendo el cociente del número de dientes: un piñón de 12 contra una corona de 36 te da 3

, igual que en paralelo. El ángulo entre ejes no entra en la relación de velocidades; solo decide la forma de los conos. Lo que sí cambia es cómo se reparte ese ángulo total entre los dos conos, y no es a partes iguales salvo en el caso 1
. El semiángulo de cada cono lo fija la relación de dientes por trigonometría, no por proporción directa: para ejes a 90°, la tangente del semiángulo del piñón es el cociente de dientes piñón/corona. Ese 12/36 no parte el ángulo recto en 22,5° y 67,5°, sino en unos 18° para el piñón y 72° para la corona. Solo cuando la relación es 1
—dos conos idénticos con semiángulo de 45°, el caso de los engranajes de inglete— el ángulo se reparte por la mitad.

Cuatro variantes de la familia cónica

Dentro de la familia, lo que cambia de una variante a otra es cómo se traza el diente sobre el cono y dónde se cruzan —o no— los ejes. Cada elección mueve dos cosas: la suavidad del engrane y la dificultad del montaje.

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Las cuatro variantes de la familia cónica, cada una con el rasgo que la distingue

El cónico recto es el más simple: los dientes son rectos y apuntan al vértice común, como las costillas de un paraguas. Engranan de golpe: todo el flanco del diente toma contacto casi a la vez, igual que un engranaje cilíndrico recto. Es el más fácil de modelar y de entender, y el más ruidoso: cada diente da un pequeño impacto al entrar, y a velocidad eso es zumbido y vibración.

El cónico espiral lleva los dientes curvados en arco sobre el cono, de modo que el contacto empieza por un extremo del diente y progresa hacia el otro a medida que gira. Es la misma jugada que el helicoidal frente al recto en engranajes paralelos: el engrane es gradual, hay siempre más de un diente en contacto, y eso lo vuelve mucho más silencioso y suave. El precio es una geometría muy difícil de modelar y un empuje axial que el montaje tiene que aguantar. Conviene aclarar esto último, porque es un malentendido común: todo engranaje cónico empuja axialmente: la propia inclinación del cono genera una fuerza que tiende a separar piñón y corona, así que también el recto carga axialmente los cojinetes. Lo que añade el espiral es una componente axial extra cuya dirección depende de la mano de la espiral y del sentido de giro: según la combinación, puede empujar hacia afuera (separación) o hacia el vértice (atracción), y este segundo caso es el peligroso, porque hunde los conos uno en otro y tiende a agarrotar.

El de corona (crown gear) es un caso límite curioso: uno de los dos conos se ha abierto tanto que se ha vuelto plano, un disco con dientes en su cara, y engrana contra un piñón de dientes rectos en lugar de contra otro cónico. Tiene una ventaja práctica de montaje notable, pero acotada: la posición axial del piñón deja de ser crítica, porque este desliza a lo largo de su propio diente sin cambiar el engrane. Ojo, esa indulgencia es solo en un eje: la posición axial del disco sigue siendo tan crítica como en cualquier cónico. Y todo ello a costa de tolerar peor el par y la velocidad.

El hipoide rompe la regla del vértice común a propósito: desplaza los ejes para que se crucen en el espacio sin cortarse, alabeados, a distinta altura. Al hacerlo, las superficies primitivas ya no son conos puros que ruedan sin deslizar, sino hiperboloides, y entre los flancos aparece un deslizamiento neto a lo largo del diente. Ese deslizamiento es justo lo que paga el solapamiento extra y la suavidad —y lo que en automoción exigía aceites especiales—, pero en una pieza impresa el deslizamiento es desgaste y calor, y el descentramiento complica el montaje. En FDM rara vez compensa; quédate con él como concepto y reserva el espiral cuando busques suavidad.

La familia cónica de un vistazo (qué cambia entre variantes)
Variante Trazado del diente Engrane Para qué
Cónico recto Recto, hacia el vértice De golpe, ruidoso El caso general, fácil de imprimir
Cónico espiral Curvo en arco Progresivo, suave Menos ruido; añade empuje axial direccional
Corona (crown) Cara plana contra piñón de dientes rectos Tolerante en la posición axial del piñón Montaje indulgente en un eje, par bajo
Hipoide Curvo, con ejes desplazados Suave, con deslizamiento Descentramiento entre ejes; desgaste en FDM

La cara del diente se imprime cuesta arriba

Aquí está la primera trampa propia del FDM, y nace directamente de que el diente no es prismático. En un engranaje cilíndrico tumbas la pieza con el eje vertical y los dientes salen perfectos: cada flanco es una pared vertical, los cordones se apilan limpios y el perfil envolvente queda como lo dibujaste. El cónico no te deja esa salida. Como el diente crece desde el vértice hacia el borde, su superficie está inclinada respecto a la cama sea cual sea la orientación que elijas, y esa inclinación es justo la que el FDM lleva peor.

Si imprimes el cónico con el eje vertical —que suele ser lo más cómodo—, los flancos de los dientes quedan como un voladizo en pendiente: cada capa sobresale un poco respecto a la de abajo, y el perfil curvo del diente sale escalonado, facetado en peldaños de la altura de capa. Ese facetado no es cosmético. El flanco de un diente es la superficie que rueda contra el flanco del otro, y su calidad gobierna directamente la suavidad del engrane: un flanco escalonado convierte la rodadura limpia en una sucesión de pequeños topes capa a capa. Cuanto más fino el escalón —capa más baja— más suave, pero nunca llegarás al flanco continuo de una rueda cilíndrica tumbada.

La alternativa es imprimir con soporte bajo los flancos en voladizo, o reorientar para que la cara más cargada quede mejor apoyada, asumiendo que el soporte deja marca justo en la superficie funcional. No hay orientación gratis: en un cónico siempre pagas facetado en algún flanco. La decisión es qué flanco sacrificas y cuánto bajas la capa para que el escalón no se note al engranar. La misma lógica de orientación que gobierna cualquier pieza que se mueve la tienes en Orientación de capas para el movimiento; en un cónico pesa el doble, porque la orientación no decide solo la resistencia del diente, sino el ruido y el desgaste de toda la transmisión.

El backlash no es el único hueco: asienta los conos a su cota

La segunda trampa está en el montaje, y es la que más pares cónicos arruina después de haberlos impreso bien. En un engranaje paralelo, el único hueco que gestionas es el backlash: la holgura entre flancos, que ajustas acercando o separando los ejes en su plano. En un cónico hay un grado de libertad más, y es traicionero: la posición axial de cada cono.

Recuerda que el engrane correcto solo existe cuando los dos vértices coinciden en el punto de cruce. Eso significa que cada cono tiene que asentar a una distancia axial exacta a lo largo de su eje —la cota de montaje—. Y aquí está la clave que ata los dos huecos: en un par cónico mover la cota axial es la forma de ajustar el backlash, igual que en un paralelo lo ajustas moviendo la distancia entre centros. Si empujas un cono demasiado adentro, ambos se solapan más de la cuenta, los dientes engranan demasiado profundo y el par agarrota: el fondo del hueco de un diente topa contra la cabeza del otro y no hay holgura por la que respirar. Si lo dejas demasiado afuera, los conos apenas se tocan por la punta de los dientes, el contacto se reduce a una esquina, el backlash se dispara y el engrane queda flojo, ruidoso y propenso a saltar bajo carga. El margen entre ambos extremos es estrecho —décimas de milímetro—, y no lo controla la geometría del diente sino cómo asienta la pieza en su eje.

Y ahí surge un problema que conviene mirar de frente: décimas de milímetro es justo el orden de magnitud del error dimensional típico de una pieza FDM. Un asiento impreso engorda, un agujero sale estrecho, y esas décimas se comen tu cota de montaje igual que se comen cualquier ajuste. Por eso un tope fijo impreso —un resalte modelado en la propia pieza— hereda el error de impresión y rara vez cae en cota a la primera. Lo que de verdad funciona en un cónico FDM es un tope ajustable: un casquillo recambiable de cota conocida, una arandela de espesor, una tuerca que avance sobre rosca. Algo que puedas afinar décima a décima para asentar cada cono a su distancia y, con ella, fijar el backlash de diseño. La forma de calibrar ese hueco es la misma de siempre, solo que aplicada a la dirección axial además del juego entre flancos: la tienes en Tolerancias para piezas que se mueven.

Cuándo de verdad lo necesitas

El cónico existe para una sola cosa: pasar el giro entre ejes que se cruzan en ángulo, casi siempre 90°, donde físicamente no caben dos ruedas paralelas. Si puedes resolver tu transmisión con ejes paralelos, hazlo: un par cilíndrico es más fácil de modelar, mucho más fácil de imprimir y mucho más tolerante en el montaje. El cónico es la herramienta para cuando la geometría te obliga a doblar la esquina —el movimiento entra horizontal y tiene que salir vertical, o dos ejes confluyen en ángulo y necesitas que uno mueva al otro.

Una vez dentro de la familia, la elección es casi siempre entre recto y espiral. Empieza por el cónico recto: es el que mejor se imprime y el más fácil de acertar, y para la mayoría de mecanismos de baja velocidad su ruido es perfectamente tolerable. Pasa al espiral solo cuando la suavidad y el silencio compensen la dificultad de modelado y el empuje axial extra que mete en los cojinetes. Reserva la corona para cuando quieras un montaje indulgente en el eje del piñón y el par sea modesto, y deja el hipoide para los libros: el descentramiento entre ejes que lo justifica rara vez aparece en una pieza impresa, y el deslizamiento que lo acompaña es desgaste que el plástico no agradece.

Y vigila siempre los tres modos de fallo que te van a visitar, por este orden. Primero, el engrane mal posicionado por una cota axial de montaje floja o pasada —el más difícil de diagnosticar, porque la pieza en sí está bien—. Segundo, los flancos facetados por una orientación de impresión que escalona la cara del diente, que se paga en ruido y desgaste acelerado. Y tercero, ya con todo bien montado, la rotura del diente bajo par: la grieta de fatiga arranca en la raíz, cerca del extremo interior, donde el diente es más fino y la concentración de tensión más alta. Cuidado con la tentación de añadir dientes al piñón para repartir la carga, porque más dientes con el mismo diámetro significa dientes más finos, y un diente más fino es más frágil, no más fuerte: el reparto de carga lo ganas con un buen ratio de contacto y un piñón con dientes suficientes para no socavar, no apretando dientes hasta debilitarlos. Acierta la orientación, fija la cota axial con un tope ajustable de verdad y dimensiona el par para que ningún diente trabaje al límite, y el cónico te doblará la transmisión sin quejarse.