Pivote montado con horquilla y pasador: orejas y eje por separado

12 min readUpdated jun 2026

La articulación más fiable que puedes imprimir es la que no imprimes de una pieza. Una horquilla en U, una lengüeta que encaja entre sus dos brazos y un pasador que las atraviesa: tres piezas que llegan a la cama por separado y se montan a mano. Suena más laborioso que dejar un pivote impreso en sitio —print-in-place— con su holgura ya formada, y lo es. A cambio, la superficie sobre la que gira el eje no la fabrica una boquilla soldando voladizos décima a décima; la fijas tú al elegir el pasador y el ajuste del agujero. Ese control es la diferencia entre una articulación que gira limpia y dura años, y una que sale rugosa, ovalada y con un juego que no controlas. Veamos cómo dimensionarla para que la cinemática sea exactamente un grado de libertad y no acabe siendo cero (agarrotada) ni tres (con juego en todas direcciones).

Un solo grado de libertad, y por qué la horquilla lo garantiza

La horquilla —el clevis clásico— son dos orejas paralelas con sus agujeros enfrentados y coaxiales. La lengüeta de la otra pieza entra entre las dos, con su propio agujero alineado en el mismo eje, y el pasador atraviesa los tres. Lo que tienes entonces es una junta de revolución pura: el pasador define un eje, y la única libertad que queda es el giro en torno a él. Ni traslación, ni cabeceo, ni balanceo lateral. Esa pureza no es casual: nace de dos apoyos separados sobre el mismo eje, no de uno solo.

Compáralo con una sola oreja y un pasador en voladizo. Ahí el eje está sujeto por un único punto, y cualquier carga lateral lo hace bascular: el pasador trabaja como una palanca con el agujero por fulcro, el plástico cede y el grado de libertad que querías limpio se contamina de juego en todas las direcciones. La doble oreja cierra eso. Reparte la reacción entre dos apoyos a uno y otro lado de la lengüeta, de modo que la carga llega al pasador a cizalladura en dos planos en vez de en uno solo, y con mucho menor momento flector: el pasador sigue flectando entre orejas, pero la luz entre apoyos es corta y la reacción se reparte, así que el momento que antes hacía cabecear el eje queda casi equilibrado por el par de reacciones. Más capacidad de carga, menos deformación y un giro que sigue siendo giro y nada más.

Por qué el montaje gana al impreso-en-sitio en la superficie que importa

Un pivote impreso en sitio nace con su holgura ya formada entre eje y agujero, sin montaje posterior. Es cómodo, pero la superficie de contacto que de verdad gira la ha construido la impresora capa a capa, salvando un voladizo: la cara inferior de cualquier agujero o eje horizontal sale colgando sobre aire, escalonada y con descuelgue, y la pared que mira hacia abajo es siempre la peor del conjunto. Esa rugosidad es justo la que roza al girar.

Al separar las piezas eliminas esa cara comprometida del camino. El pasador puede ser un eje metálico real —una varilla de acero rectificada, un tornillo, un alambre de acero templado, una broca reaprovechada como eje—, y entonces la cara que roza contra el agujero es acero pulido, no plástico escalonado. El acero baja la fricción y, sobre todo, casi no se desgasta, así que el par de rozamiento se mantiene estable en el tiempo en vez de ir creciendo a medida que el plástico se va limando. Y como controlas el diámetro real del eje con precisión de centésimas, puedes apurar el encaje hasta holguras finas, inalcanzables para un pivote impreso en sitio: con un eje cuyo diámetro conoces, el único error que queda por corregir es el del agujero.

Orienta los agujeros y recupera el diámetro real

El agujero de la oreja tiene dos orientaciones posibles, y conviene separar dos ejes de decisión que no van de la mano: la calidad del agujero y la resistencia a la delaminación.

En calidad de agujero, el vertical gana. Con su eje perpendicular a la cama, cada capa traza un círculo en el plano y el contorno sale redondo y predecible; la pared cilíndrica es vertical, así que apenas hay escalonado de capa en ella. Lo que sí tiene es un estrechamiento por la compensación del ancho de cordón y un pequeño cuello por el pie de elefante en la boca. El agujero horizontal, con su eje paralelo a la cama, mete el voladizo en plena superficie de giro: la mitad superior se imprime sobre aire y sale ovalada y descolgada, más ancha que alta. Por circularidad, el vertical es casi siempre mejor.

El segundo eje es hacia dónde tira la carga del pasador. Las capas deben quedar de modo que el esfuerzo no tienda a separarlas, porque un agujero cuya línea de capa coincide con el plano de máxima tracción se delamina antes que uno bien orientado. Ahí la orientación que conviene depende del vector de carga, no de la calidad del agujero, y por eso las dos decisiones pueden tirar en sentidos distintos. Esa lógica —orientar las capas según hacia dónde empuja el movimiento— es la que desarrolla Orientación de capas para el movimiento, y aquí marca la diferencia entre una horquilla que aguanta y una que delamina por el agujero al primer esfuerzo serio.

Sea cual sea la orientación, el paso que de verdad rescata el encaje es recuperar el diámetro después de imprimir. Un agujero impreso casi nunca mide lo que dibujaste —nace estrecho y, según la orientación, ovalado—, así que pásale un escariador, una broca del diámetro justo o el propio pasador girando con un poco de abrasivo hasta dejarlo redondo y a medida. Es el único modo de que el agujero sea de verdad cilíndrico y coaxial con el de la otra oreja, que es la condición para que el pasador entre recto y la junta no se atranque. Mide sobre la pieza, no sobre el modelo, y dimensiona contra ese número medido. Es la misma disciplina de Tolerancias para piezas que se mueven, aplicada a un agujero que además vas a calibrar a mano.

La holgura decide si gira libre, si frena o si se agarrota

El agujero y el pasador no son una cota cada uno: son una pareja, y lo único que importa es el hueco que queda entre ambos. Razónalo por lado —en el radio— y conviértelo a diámetro solo al final: la diferencia diametral es el doble de la holgura por lado, y confundir las dos es el error que más juntas estropea. Con el pasador a su diámetro real conocido, toda la holgura la pones abriendo el agujero.

Holgura agujero–pasador en la oreja (sobre el agujero ya calibrado)
Lo que quieres Holgura/lado Cómo sale
Giro libre, limpio sobre eje metálico 0,10–0,20 mm eslabón que oscila solo, sin par apreciable
Giro guiado y preciso, juego mínimo 0,05–0,10 mm articulación ajustada, sin traqueteo
Pasador fijo a una oreja, gira en la otra 0,0–0,05 mm de interferencia en una, holgura de giro en la otra el pasador no se sale ni patina
Freno por fricción (se queda donde la dejas) apriete ligero (interferencia) rótula de lámpara, soporte orientable

La primera fila es el ajuste de giro libre sobre un eje rectificado: 0,10–0,20 mm por lado bastan para que el eslabón oscile solo sin par apreciable. No subas de ahí pensando que "girará más suelto"; con 0,25 mm por lado sobre un Ø3 mm ya tienes 0,50 mm diametrales de hueco, y el eslabón no gira limpio, traquetea —el mismo juego que la doble oreja existe para combatir—.

La tercera fila, la asimétrica, resuelve un problema real: un pasador que gira libre en las dos orejas tiende a salirse solo y a girar como un tornillo flojo. Fíjalo a presión en una de las orejas —o en la lengüeta— con una interferencia pequeña, del orden de 0,0–0,05 mm al diámetro contra el agujero medido, y deja la holgura de giro únicamente en la otra. Así la junta tiene su grado de libertad limpio en una sola interfaz, y el pasador queda capturado sin necesidad de cabeza, anillo ni clip.

Si quieres fricción de verdad —una articulación que se quede donde la dejas—, no basta con cerrar la holgura a cero: a 0,05 mm por lado todavía hay hueco y el eje gira libre. El freno exige apriete, interferencia entre pasador y agujero, y dejar que el rozamiento haga de tope. Pero ahí entra el material: plástico girando contra plástico con apriete se calienta, se lima y, con el tiempo, afloja. Es uno de los modos de fallo de la sección siguiente.

Las cotas que el ajuste radial no ve: largo de apoyo y holgura axial

El hueco entre pasador y agujero no es lo único que decide el grado de libertad limpio. Dos cotas más, fáciles de olvidar porque no aparecen en el ajuste radial, deciden tanto como él.

La primera es el largo de apoyo: el espesor de cada oreja, que es la longitud sobre la que el agujero abraza al pasador. Una oreja demasiado fina sobre un Ø3 mm da una relación largo/diámetro baja, y entonces el pasador vuelve a cabecear dentro del agujero pese al doble apoyo, porque cada agujero individual lo sujeta por una rebanada demasiado corta. Dale a cada oreja un espesor del orden de su diámetro de agujero o más, para que el apoyo sea de verdad un apoyo y no un filo.

La segunda es la holgura axial entre la lengüeta y las caras internas de las orejas. Si la lengüeta entra justa entre los dos brazos, sus caras rozan contra las paredes internas y la junta se agarrota por fricción lateral, aunque el ajuste radial sea perfecto. Deja unas décimas de holgura a cada lado —del orden de 0,2–0,3 mm— para que la lengüeta gire sin frotar las orejas. Es la misma idea de poner todo el hueco donde toca, llevada al eje del pasador en lugar de a su radio.

Cuándo elegir esta junta y los tres modos de fallo que la arruinan

La junta de pasador con horquilla es la elección correcta cuando la articulación soporta carga y tiene que durar o ser precisa: eslabones de un mecanismo, brazos articulados, conexiones que quieres poder desmontar más adelante sin más que sacar el pasador. Frente a un pivote impreso en sitio, que brilla en lo desechable y lo poco exigente, esta se justifica en cuanto hay fuerza, vueltas o años de por medio. Y tiene una ventaja de mantenimiento que no conviene pasar por alto: si el agujero se desgasta, retiras el pasador, repones la pieza barata y sigues; nada va soldado.

Conociendo la cinemática y el ajuste, los tres modos de fallo se anticipan y se diseñan fuera.

Ovalización del agujero bajo carga. El plástico fluye despacio bajo carga sostenida (creep), y el contacto pasador–agujero es una línea estrecha que concentra la presión. Con el tiempo, esa línea cede y el agujero redondo se vuelve ovalado: aparece holgura donde antes había ajuste, y el giro empieza a tener juego. La defensa es bajar la presión de contacto —pasador de mayor diámetro, más pared alrededor del agujero, perímetros en vez de relleno en esa zona— o, mejor, embeber un casquillo en la oreja, que ofrece una superficie de giro que no fluye. A esta escala, ese casquillo suele ser un buje liso de bronce o un inserto, no un rodamiento de bolas: el más pequeño habitual ya tiene Ø10 mm exterior, así que el rodamiento solo entra en juego a partir de cierto diámetro de junta.

Rotura de una sola oreja. El sentido de la doble oreja es repartir la carga a cizalladura en dos planos; si una de las dos es más débil —menos pared, una capa mal soldada, el pasador no apoya por igual en ambas por falta de coaxialidad—, se lleva toda la reacción y se parte. Imprime las dos orejas iguales y bien apoyadas, asegúrate de que el pasador entra recto en las dos —de ahí la insistencia en calibrar ambos agujeros al mismo eje— y dales una raíz generosa donde se unen al cuerpo.

Desgaste rápido plástico contra plástico. Si pasador y agujero son ambos de plástico y la junta gira mucho, la pareja se lima sola: el par de rozamiento sube, aparecen virutas, la holgura crece y el ajuste fino que calibraste se evapora en unas pocas horas de uso. Es el caso en que un pasador metálico o un buje embebido dejan de ser un lujo y pasan a ser la solución: una superficie dura contra una blanda aguanta muchísimo más que dos blandas frotándose, porque el plástico se desgasta poquísimo contra acero pulido. Con una salvedad: el acero no es inmune, solo desgasta poco al plástico; si entra suciedad abrasiva entre ambos, la dureza del eje se vuelve en tu contra y lima el agujero más deprisa. Cómo alojar ese buje o ese eje metálico para que queden firmes y a ras lo tienes en Hardware embebido: imanes, rodamientos e insertos.