Acoplamiento Oldham: corregir desalineación paralela

13 min readUpdated jun 2026

Tienes dos ejes que deberían ser uno solo, pero no lo son: salen de dos piezas distintas, montadas con tornillos que nunca quedan a micras, y sus centros no coinciden. Un par de décimas de offset paralelo. Si los unes con un acoplamiento rígido, ese descentrado no desaparece: se convierte en una flexión que cada vuelta machaca los rodamientos hasta que ceden. El acoplamiento Oldham resuelve eso de una forma casi tramposa: en vez de combatir la excentricidad, la consiente y la absorbe deslizando. Y lo hace sin holgura de torsión (backlash) y a velocidad constante, que es justo lo que un acoplamiento elástico de goma no te da. La clave está en un disco central con dos chavetas perpendiculares, y casi todo el éxito en FDM se juega en el ancho de esas chavetas.

Cómo el deslizamiento absorbe la excentricidad

El Oldham tiene tres piezas: dos cubos, uno por eje, y un disco intermedio entre ellos. Cada cubo tiene una ranura diametral. El disco lleva dos chavetas, una por cara, y aquí está la clave de toda la cinemática: las dos chavetas están a 90° entre sí. La chaveta de una cara encaja en la ranura de un cubo y desliza a lo largo de ella; la de la otra cara encaja en la ranura del otro cubo, perpendicular, y desliza a lo largo de esa.

Piensa en lo que pasa cuando los dos ejes están descentrados y giran. El offset paralelo (descentrado) entre los centros se puede descomponer en dos direcciones perpendiculares, y existen exactamente dos grados de libertad de deslizamiento, uno por chaveta, también perpendiculares entre sí. Cada chaveta absorbe la componente del descentrado que cae a lo largo de su ranura. Como esas dos direcciones cubren el plano entero, entre ambas absorben cualquier offset paralelo, sea cual sea su orientación. El precio es que el disco central no gira sobre un eje fijo: describe una pequeña órbita —su centro recorre un círculo de radio igual a la mitad del offset— mientras transmite el par. Cada chaveta, por su parte, recorre dentro de su ranura una distancia de pico a pico igual al offset completo en cada vuelta.

Lo importante de esa órbita es lo que no hace. No introduce flexión en los ejes, porque las chavetas solo transmiten fuerza tangencial —la que genera el par— y dejan libre el deslizamiento radial. Por eso los rodamientos de cada eje no ven la carga lateral del descentrado: el disco la asume. Y como la transmisión es por contacto directo de chaveta contra ranura, sin elemento elástico de por medio, la velocidad angular de salida es constante e igual a la de entrada en cada instante. Esa combinación —corregir offset paralelo, no cargar rodamientos y mantener velocidad constante— es la firma del Oldham, y la razón de que exista cuando ya hay acoplamientos más simples.

Hay un matiz que conviene asentar antes de seguir: el Oldham ideal no tiene backlash de torsión, pero el Oldham impreso sí lo tiene desde el primer giro, fijado por la holgura de deslizamiento entre chaveta y ranura. Esa holgura es backlash desde el minuto cero —la chaveta puede moverse en el sentido del par antes de tocar el flanco opuesto— y crece con el desgaste. No persigas el cero absoluto: persigue el mínimo holgura que aún deslice sin agarrotar.

Cuándo usar el Oldham y cuándo no

Vista frontal del disco Oldham con las dos chavetas perpendiculares en las ranuras descomponiendo el offset paralelo
Vista frontal del disco Oldham con las dos chavetas perpendiculares en las ranuras descomponiendo el offset paralelo

El Oldham resuelve un problema concreto: ejes paralelos con un descentrado que no puedes eliminar. Un montaje impreso que nunca alinea del todo, dos soportes atornillados por separado, dilataciones térmicas que desplazan los centros en servicio. Si encima necesitas mantener la velocidad constante y tolerar poco backlash —un encóder, un eje de posicionamiento, cualquier cosa donde el juego se note—, el Oldham es la respuesta correcta, siempre que aceptes el backlash de partida que impone la holgura impresa y lo calibres lo más fino posible.

Conviene situarlo frente a su vecino, la mordaza o acoplamiento de garras. Los dos toleran desalineación, pero no la misma. El Oldham está hecho para offset paralelo: lo absorbe con holgura, mucho más que la mordaza. A cambio, tolera mal el descentrado angular —ejes que no son paralelos, que forman un pequeño ángulo entre sí—; en ese caso, la mordaza con su elemento elástico se comporta mejor. La regla es directa: si tus ejes están paralelos pero descentrados, Oldham; si están inclinados uno respecto al otro, busca otra cosa. Y si lo que tienes es un ángulo realmente grande, ninguno de los dos sirve: eso es trabajo de una junta universal.

Una última condición de régimen. El Oldham es un acoplamiento de baja a media velocidad. Al orbitar, el disco oscila lateralmente cada vuelta, y esa oscilación genera fuerzas de inercia que crecen con el cuadrado de las rpm y con el offset. Un disco de plástico ligero las atenúa frente a uno metálico, pero a alto régimen vibran el conjunto y aceleran el desgaste de las chavetas. Si necesitas girar rápido, este no es tu acoplamiento.

El disco es la pieza de sacrificio: diséñalo para que se gaste

En un Oldham impreso hay una jerarquía de sacrificio que conviene respetar deliberadamente. Las chavetas del disco central deslizan en sus ranuras en cada vuelta, recorriendo de ida y vuelta una distancia igual al offset; ese roce continuo significa que el disco se desgasta primero, y eso es bueno: es la pieza que protege a las demás. Diséñalo como consumible. Es barato de reimprimir —es la pieza pequeña, sin agujero de eje cuyas tolerancias haya que ajustar— y cuando el desgaste de las chavetas haya introducido suficiente backlash como para notarse, cambias solo ese disco y el acoplamiento recupera su estado original. Los cubos, que sí cargan la unión al eje y cuestan más de iterar, no se tocan.

Esa misma lógica de sacrificio tiene una segunda cara, la del par. La chaveta impresa es el eslabón más fino de la cadena, y bajo un par excesivo es lo que rompe. Asúmelo como una propiedad de diseño, no como un defecto: el disco es tu fusible mecánico. Si algo se atasca más adelante en la transmisión, prefieres partir una chaveta de un disco que reimprimes en minutos, no en horas, antes que reventar un eje, un rodamiento o el motor.

Pero «el disco es el fusible» no es una intención, es un cálculo. El par de rotura lo fija el área de la sección de la chaveta en su raíz —ancho por altura en la base, perímetros y relleno incluidos— y la orientación de capa. Si quieres que rompa más tarde, engruesas la base de la chaveta o subes perímetros; si quieres que rompa antes para proteger algo caro aguas abajo, la adelgazas. Y en todos los casos, deja un radio de acuerdo en el pie de la chaveta: una arista viva ahí concentra tensión y rompe prematuro, mucho antes del par que habías calculado.

Para que el disco desgaste limpio y no agarrote, el material importa, y aquí hay un matiz que se descuida. El PETG es tenaz, pero PETG deslizando contra PETG tiende a agarrotarse (galling, stick-slip): dos superficies del mismo plástico blando se pegan en lugar de deslizar. Si vas a usar PETG, lo mejor es emparejar materiales distintos —disco de un material, cubos de otro— o recurrir a un plástico con mejor comportamiento en fricción para la pieza que desliza (un PLA seco, o Nylon o POM si los tienes). El objetivo es un par de superficies que deslice, no que se muerda.

Las chavetas: ancho, holgura y orientación de capa

Aquí se gana o se pierde el acoplamiento. La chaveta y su ranura forman un ajuste deslizante, y todo lo que sabes de holguras impresas se aplica aquí con dureza, porque el error no se reparte en un diámetro: recae por completo sobre el ancho de la chaveta y el de la ranura. Busca una holgura de deslizamiento del orden de 0,1 a 0,2 mm por lado entre el flanco de la chaveta y el de la ranura —el valor de un ajuste que desliza con libertad, no de uno que posiciona—, y recuerda que ese hueco es por lado, así que tu boquilla y tu calibración deciden dónde caes dentro del rango. Ten claro el coste: ese mismo hueco es el backlash de partida del acoplamiento, de modo que si tu aplicación es de precisión, baja al extremo apretado del rango y acepta calibrar varias veces. El razonamiento completo de por qué se cuenta por lado, y de cuánto se va a comer tu impresora, está en Tolerancias para piezas que se mueven.

El reparto del hueco juega a tu favor si lo planteas bien. Deja la ranura del cubo a su medida nominal y crea la holgura adelgazando el ancho de la chaveta del disco, que es la pieza barata y la que vas a reimprimir de todas formas. Así, si entra apretado, ajustas solo el disco. Demasiado apretado y el acoplamiento agarrota: la chaveta no desliza, el offset no se absorbe, y vuelves a tener una unión rígida que carga los rodamientos —el fallo silencioso: el acoplamiento parece montado, pero ha dejado de hacer su trabajo. Demasiado flojo y el backlash de partida es ya excesivo, sin esperar al desgaste.

Hay dos holguras más que no son el ancho y que deciden si el conjunto funciona montado. La primera es axial: la chaveta no debe tocar el fondo de la ranura. Deja huelgo entre la punta de la chaveta y el fondo; si topa, transmite carga axial, empuja los ejes y agarrota igual que un ajuste apretado de ancho. La segunda es el solape de engrane: la chaveta tiene que seguir dentro de su ranura cuando el disco orbita al offset máximo. Ese solape es lo que limita de verdad cuánto descentrado toleras —el Oldham absorbe «generoso», sí, pero solo hasta donde la chaveta no se descalce de la ranura. Dimensiona la longitud de la chaveta y la de la ranura para que, en el peor punto de la órbita, sigan engranadas con margen.

La orientación de impresión decide la calidad de los flancos que deslizan y la resistencia de las chavetas. Imprime cada cubo con sus ranuras en el plano XY, tumbado sobre la cama, de modo que las paredes de la ranura se impriman como perímetros lisos y verticales, y no como una superficie escalonada. Una ranura impresa en vertical queda con los flancos en escalera, y eso es fricción y desgaste irregular desde el primer giro.

Las chavetas del disco son más espinosas, y aquí hay un compromiso que conviene no esconder. El disco se imprime de forma natural plano sobre la cama —es lo cómodo para sus dos caras de chaveta—, pero entonces las capas quedan perpendiculares al eje de giro y la fuerza tangencial del par cizalla entre capas, que es el peor caso para la delaminación. Y como las dos chavetas son perpendiculares entre sí, no existe una orientación que ponga a ambas a favor de cordón: alguna trabajará siempre a cizalla. No hay solución limpia, hay mitigación: engruesa la sección de la chaveta en su raíz, sube perímetros, deja el radio de acuerdo en el pie, y si el par lo exige, valora imprimir el disco de canto asumiendo los soportes y el peor acabado en una de las caras. El porqué de esa anisotropía, y cómo leerla pieza a pieza, está en Orientación de capas para el movimiento.

Disco y cubos de un Oldham impreso (PLA/PETG, boquilla 0,4 mm)
Parámetro Valor de partida Por qué
Holgura chaveta/ranura 0,1–0,2 mm por lado (calibrar) desliza libre; ese hueco es también el backlash de partida
Reparto del hueco adelgazar el ancho de la chaveta el disco es la pieza barata y consumible
Holgura axial huelgo punta de chaveta–fondo de ranura si topa, carga axial y agarrota
Solape de engrane chaveta dentro de la ranura al offset máximo limita el descentrado que puedes tolerar
Orientación de los cubos ranuras en XY (tumbado) flancos lisos, no escalonados, para deslizar
Raíz de la chaveta sección generosa + radio de acuerdo fija el par de rotura; evita rotura prematura
Material que desliza par de superficies distintas; evita PETG–PETG el mismo plástico blando se agarrota (galling)
Unión cubo–eje prisionero / chavetero / eje no redondo la fricción de un agujero redondo no transmite par

La unión al eje: el punto donde se pierde el par

El Oldham puede estar perfecto y aun así patinar, porque hay un eslabón fuera del acoplamiento que se descuida siempre: cómo agarra cada cubo a su eje. Un agujero redondo impreso alrededor de un eje redondo no transmite par fiable, por mucho que lo aprietes. La fricción de un cilindro liso impreso es escasa y, peor, decae con el tiempo: el plástico cargado fluye despacio, libera la presión que lo apretaba y el cubo acaba girando libre sobre el eje. Es el mismo problema de cualquier unión cubo-eje rígida, y se resuelve igual.

Necesitas un bloqueo positivo, no fricción. Un prisionero que muerda contra un plano fresado o un rebaje del eje; un chavetero, ranura y chaveta que transmiten por forma; o directamente un eje no redondo —un hexágono, un cuadrado, una D— alojado en un agujero del mismo perfil, que impide el giro por geometría sin depender de ningún apriete. Cualquiera de los tres convierte la unión en una transmisión de par fiable. Si vas a meter un prisionero metálico o un inserto roscado en el cubo, planifica su alojamiento desde el modelo; cómo embeber ese hardware sin que raje la pieza lo tienes en Hardware embebido: imanes, rodamientos e insertos.

Cuando los tres elementos están resueltos —chavetas con su holgura, cubos bien orientados y una unión positiva a cada eje— el Oldham cumple su función en silencio durante mucho tiempo, y el día que el backlash crezca, reimprimes el disco y continúas. Si tu problema no es offset paralelo sino que los ejes salen torcidos uno respecto al otro, ese es otro acoplamiento y otra cinemática: empieza por medir si tu desalineación es paralela o angular antes de comprometerte con esta geometría.