Tornillería métrica: patrones M3/M4/M5, torretas e insertos
Casi todo lo que atornillas en una pieza impresa termina siendo un M3, un M4 o un M5. La montura VESA de un monitor, los cuatro agujeros de una Raspberry Pi, el carril de perfil 2020, la rosca de un trípode: todos hablan este idioma, y todos dan por hecho que ya sabes hacer el agujero por donde pasa el tornillo, la torreta que lo recibe o el hueco donde cae la tuerca. El resto de esta pista te dice dónde van los agujeros de cada estándar; este artículo, cómo se hace cada uno en FDM y por qué la cifra que figura en el catálogo del tornillo no es la que dibujas.
Agujeros de holgura: la norma marca el punto de partida, no la cota final
Un agujero de holgura es el que deja pasar el tornillo sin roscar en él: la caña cruza limpia y la cabeza aprieta contra la superficie, mientras la rosca muerde en el otro lado —en una tuerca, un inserto o una torreta—. La norma métrica (ISO 273, ajuste medio) fija esos diámetros: 3,4 mm para M3, 4,5 mm para M4 y 5,5 mm para M5. No son el diámetro nominal del tornillo: son algo mayores, justo lo suficiente para que la caña no roce.
El problema es el de siempre en FDM: el agujero sale más pequeño de lo que dibujas. El cordón de la pared cierra el diámetro, el aplastado de la primera capa estrecha la boca y la contracción encoge el conjunto. Todos esos efectos empujan en el mismo sentido —el porqué físico está en Agujeros, pivotes y aplastado de la primera capa—, así que un 3,4 mm en pantalla puede quedar en 3,2 en la boca y dejar un M3 que entra a rozón en lugar de pasar libre.
| Métrica | Ø caña (mm) | Agujero de holgura (mm) | Tuerca entrecaras (mm) | Tuerca espesor (mm) |
|---|---|---|---|---|
| M3 | 3,0 | 3,4 | 5,5 | 2,4 |
| M4 | 4,0 | 4,5 | 7,0 | 3,2 |
| M5 | 5,0 | 5,5 | 8,0 | 4,0 |
El espesor de tuerca de la tabla sigue DIN 934; en M3 y M4 coincide con ISO 4032, pero la tuerca ISO 4032 M5 es más gruesa —4,7 mm en vez de 4,0—, así que mide la que vayas a usar antes de fiarte de la cifra. Los entrecaras (5,5 / 7,0 / 8,0) son iguales en ambas normas.
Toma los valores de holgura como punto de partida, no como cota final. En la práctica, para un pasante vertical en PLA conviene dibujar el agujero 0,2–0,3 mm más ancho que el nominal de la tabla —del orden de 3,6 mm para M3— y confirmarlo con una probeta, exactamente como haces con cualquier ajuste holgado en Holguras impresas reales. Si el tornillo tiene que entrar y salir muchas veces, o quieres margen para pintura, súbelo un poco más; el lado seguro para equivocarte es el flojo, porque un pasante holgado sigue apretando y uno estrecho no deja pasar el tornillo.
Torretas y agujeros piloto: roscar en el propio plástico
Un boss (torreta) es un cilindro macizo que sobresale para recibir un tornillo por su eje. Cuando quieres que el propio tornillo se abra su rosca en el plástico —autorroscado, sin tuerca ni inserto—, el agujero piloto no es de holgura: es más estrecho que el diámetro nominal, para que el flanco de la rosca tenga material que morder y desplazar.
El piloto debe quedar más estrecho que la caña, pero no tanto como el diámetro de broca que se usa para cortar rosca en metal. Ese agujero de macho metálico —2,5 mm para M3, 3,3 mm para M4, 4,2 mm para M5— es demasiado agresivo en plástico: el tornillo formador no arranca material, lo desplaza, y contra una pared tan cerrada genera una tensión de aro que raja la torreta. Para tornillo formador en plástico el objetivo ronda 0,8 veces el diámetro nominal —del orden de 2,4 mm para M3, 3,2 mm para M4 y 4,0 mm para M5— como cifra de arranque. Y recuerda que el piloto, como cualquier agujero, imprime más estrecho de lo que dibujas: si tienes que corregir, corrige hacia arriba, no hacia abajo, porque un piloto infradimensionado es justo lo que agrieta la pared. El valor exacto depende del tipo de tornillo (formador frente a cortante), del material y del par: haz dos o tres pilotos escalonados de 0,1 mm y prueba cuál agarra sin rajar.
Insertos térmicos: la rosca que dura
Cuando quieres una rosca metálica fiable, que aguante par y montajes repetidos sin desgastarse, la respuesta es un inserto térmico: un casquillo roscado que se funde dentro de un agujero con la punta del soldador. El latón se calienta, ablanda el plástico de la pared, entra a plomo y al enfriar queda anclado por el material que ha fluido alrededor de su moleteado. Es, con diferencia, la forma más robusta de roscar una pieza impresa.
Aquí el agujero no se dimensiona para el tornillo, sino para el inserto: un cilindro liso, ligeramente más estrecho que el diámetro exterior del casquillo, para que al fundir quede plástico suficiente que fluya y lo abrace sin que el inserto se hunda flojo ni rebose. Ese diámetro depende de la serie y el fabricante del inserto —un M3 de un catálogo no pide el mismo agujero que un M3 de otro—, así que aquí no hay un único valor fiable: consulta la hoja de datos de tu inserto y ajústalo con una prueba. El procedimiento completo —geometría del agujero, avellanado de entrada, temperatura del soldador y orientación— lo tienes en Diseñar para insertos térmicos.
Tuercas cautivas: un hexágono que atrapa la tuerca
La alternativa sin soldador es la tuerca cautiva: un hueco hexagonal dentro de la pieza que retiene una tuerca métrica estándar, para que el tornillo entre por un lado y la tuerca no pueda girar porque las caras del hexágono la bloquean. Es barato, reversible y muy sólido, y lo ves en todo el ecosistema maker: uniones de perfil, carcasas, monturas.
El hueco se dibuja sobre el entrecaras de la tuerca —5,5 mm para M3, 7,0 mm para M4, 8,0 mm para M5, en la tabla de arriba— más una holgura, porque el hexágono impreso, como todo agujero en FDM, sale estrecho y con las esquinas redondeadas por el radio del cordón. Dale del orden de 0,2–0,4 mm sobre el entrecaras para que la tuerca entre sin martillearla pero sin bailar. En profundidad, deja el bolsillo un pelín menos hondo que el espesor de la tuerca —el de tu tuerca, que según la norma cambia—: así, al apretar, el tornillo tira de la tuerca contra el fondo y la asienta en lugar de dejarla flotando.
Orienta para que salga redondo y aguante la carga
Dos cosas dependen de cómo pongas la pieza en la cama, y las dos importan más que cualquier décima de holgura.
La primera es la redondez. Un agujero impreso de pie —su eje perpendicular a la cama— sale cilíndrico, porque cada capa es un círculo que la boquilla recorre entero. El mismo agujero tumbado se imprime como una sucesión de puentes sin apoyo por dentro: el techo se descuelga y el agujero sale ovalado, colapsado por arriba. Un pasante M5 tumbado deja de ser un 5,5 mm redondo y pasa a ser una ranura deforme por la que el tornillo entra torcido. Un agujero horizontal pequeño, de hasta 5 o 6 mm, aguanta razonablemente sin soporte; por encima de ahí el colapso se nota. Cuando no puedas poner el eje vertical, no imprimas el agujero como un círculo desnudo: dale perfil en lágrima (teardrop) o un techo rómbico o hexagonal, o al menos un chaflán superior, para que el material tenga a qué agarrarse y salga redondo sin soporte. Es el recurso estándar para agujeros horizontales, y vale igual para pasantes, pilotos y alojamientos de inserto.
La segunda es la adhesión entre capas, y solo aparece cuando la unión recibe carga o par. Una pieza FDM es fuerte dentro de la capa y débil entre capas: la unión entre cordones apilados es su plano de fractura natural. Un tornillo que aprieta genera tracción a lo largo de su eje y presión bajo la cabeza; una torreta que recibe par sufre esfuerzo radial. Una torreta impresa de pie, con las capas apiladas transversales a la tracción del tornillo, se descabeza por una línea de capa; tumbarla pondría las capas a favor de esa tracción, pero entonces el agujero se imprime de lado y pierde la redondez. Ese es el conflicto: lo que salva la resistencia arruina la geometría, y al revés.
La salida real no es elegir entre las dos, es un inserto. Puesto en un agujero vertical —redondo y preciso— reparte la carga del tornillo sobre una pared metálica moleteada que agarra varias capas a la vez, en lugar de concentrarla en la rosca formada de una sola línea de capa. Así conservas el eje vertical que te da el agujero redondo y, al mismo tiempo, resuelves la debilidad entre capas. Cuando una torreta autorroscada de pie no aguantaría, el inserto es lo que reconcilia orientación y resistencia.
Con estos cuatro patrones —pasante, boss, inserto y tuerca cautiva— dominados y calibrados en tu máquina, el resto de esta pista es geometría: dónde caen los agujeros de la montura VESA, el paso de los agujeros de una Raspberry Pi o un Arduino, la ranura de un perfil 2020, la rosca de un trípode. Todos se apoyan en este vocabulario. El siguiente eslabón, cuando la rosca tenga que durar, es Diseñar para insertos térmicos.