Tarros Mason: boca normal y boca ancha

9 min readUpdated jun 2026

Tienes un tarro de conserva en la mano y quieres imprimirle una tapa: una dosificadora, una con asa, un inserto para separar sólidos. Antes de dibujar nada, tienes que responder una pregunta que parece trivial y no lo es: ¿qué boca tiene ese tarro? Los tarros tipo Mason —los de conserva de rosca continua, tan comunes en Norteamérica— vienen en dos bocas estándar que no son intercambiables, y una tapa modelada para una no enrosca en la otra ni por asomo. Elige mal la boca y no hay holgura de flanco que te salve: sencillamente no entra.

Dos bocas, dos diámetros

El sistema Mason estandarizó hace más de un siglo dos diámetros de boca, y solo dos, sobre los que gira todo el ecosistema de tapas de dos piezas: el disco plano con junta junto con el anillo roscado que lo aprieta. La boca normalregular mouth— ronda los 70 mm de diámetro exterior de rosca. La boca anchawide mouth— ronda los 86 mm. Esa es toda la diferencia relevante para ti: dieciséis milímetros de diámetro que deciden qué tapa modelas.

Ambas comparten la misma idea de rosca: una hélice continua de paso generoso, pensada para que un anillo baje una o dos vueltas y apriete el disco contra el reborde. No es una rosca fina de precisión; es una rosca de tapa, de las que enroscas con los dedos sin herramienta. Eso, como verás, juega a tu favor en FDM.

Roscas estándar de tarro Mason (rosca continua de dos piezas)
Boca Ø rosca nominal Tipo de rosca Cierre estándar
Normal (regular mouth) ~70 mm continua, paso generoso disco + anillo metálico de dos piezas
Ancha (wide mouth) ~86 mm continua, paso generoso disco + anillo metálico de dos piezas
boca normalboca anchadisco (tapa)anillo (banda)
Las dos bocas roscadas de tarro Mason —normal (estrecha) y ancha— en sección: misma clase de rosca de tarro y misma tapa de dos piezas (disco plano + anillo roscado), a dos diámetros.

Por qué la rosca de tarro perdona en FDM

Una tapa Mason impresa enrosca bien, y lo hace por dos razones físicas concretas: el paso es amplio y no tiene que sellar nada. Con eje vertical, la hélice trepa cómodamente capa a capa —hay capas de sobra por vuelta para formar cresta, flanco y valle— y, como el paso es grande, el ángulo de hélice es suave y el flanco inferior de cada vuelta cuelga poco. Comparada con la rosca de un tapón de botella de bebida con gas, que es pequeña, de paso corto y encima tiene que sellar presión, la rosca de tarro es indulgente: no sella por sí misma y sobra sitio para el juego.

Cuidado con un espejismo: el diámetro grande no diluye el error de contorno. Un cordón que se pasa 0,15 mm son 0,15 mm de interferencia igual en 70 mm que en 6 mm de diámetro; la circunferencia no los reparte. Lo que sí traen los 70 u 86 mm es una rosca larga, con muchas vueltas en contacto, y por eso conviene ser algo más generoso con la holgura: cualquier punto de agarrotamiento se suma a lo largo de toda esa longitud engranada.

Por lo demás se aplican las reglas de cualquier rosca impresa. El macho engorda —el cordón abulta el contorno hacia fuera— y la hembra encoge —el cordón muerde el hueco hacia dentro—, así que los flancos chocarían si modelas ambas piezas a cota exacta. Empieza más generoso que en una rosca métrica pequeña: 0,3–0,4 mm de holgura total de flanco y ciérrala por iteración, no al revés —en un diámetro grande, 0,1 mm casi garantiza que la rosca muerda y no baje. Repártela como en cualquier rosca impresa: deja la pieza que imita al tarro a su medida nominal y abre la que enrosca sobre ella, para tener una sola cota que tocar si aprieta. Todo ese razonamiento, con sus modos de fallo, está en Modelar roscas.

La orientación no es negociable: imprime la tapa con el eje de la rosca vertical y la rosca apuntando hacia arriba. Así cada vuelta de la hélice nace sobre la anterior y el flanco inferior sale aceptable. Túmbala y media rosca queda colgando en el aire, se descuelga y el ajuste que mediste desaparece. Y como la boca ancha tiene la rosca más larga, una mala orientación arruina más milímetros de hilo engranado: por grande, castiga más el descuido. Por qué el plano de capa manda en todo esto lo desarrolla Cómo el FDM moldea tu diseño.

El sello lo da el reborde, no la rosca

Aquí está la parte que más gente diseña mal. En un tarro Mason la rosca no cierra: solo aprieta. La estanqueidad la da el disco plano de la tapa metálica presionando contra el reborde de la boca —el labio superior del vidrio, plano y liso—, con su junta de sellado por medio. El anillo roscado es solo el mecanismo que baja el disco y lo mantiene apretado contra ese labio.

Esto cambia por completo cómo modelas una tapa funcional. Si imprimes una tapa de una sola pieza —una dosificadora, una con asa, una con boquilla vertedora—, el sello no puede venir de la rosca de plástico, que además nunca será estanca. Tiene que venir de una junta contra el reborde, asentada en un alojamiento anular en la cara interior de tu tapa: una junta de silicona o EPDM dimensionada para comprimirse contra ese labio de vidrio cuando aprietas. La rosca solo aporta la fuerza de cierre; el reborde y la junta aportan la estanqueidad. Diseña pensando en eso y una tapa impresa cierra un tarro de alimentos secos —o incluso de líquidos con la junta adecuada— sin depender de que la rosca de plástico haga un trabajo para el que no sirve.

Ese principio —rosca que aprieta, cara que sella— es el mismo que gobierna cualquier par bote-tapa reutilizable; lo desarrolla en detalle Botes y tapas reutilizables: diseñar el par rosca-tapa.

Del adaptador a la huevera: qué imprimir para cada boca

Con las dos bocas identificadas y el sello resuelto, el catálogo de piezas útiles es amplio. Tapas a medida para reemplazar la de metal que se oxida o se pierde: lisas, con junta alojada o con boquilla dosificadora para especias, semillas o líquidos. Tapas con asa para convertir un tarro en jarra. Insertos que se apoyan en el reborde sin roscar —una huevera, un colador, un separador de sólidos y líquidos—, sujetos entre el disco y el labio del vidrio. Soportes de almacenaje que aprovechan el diámetro conocido de la boca para encajar tarros en un cajón o una pared.

Y una pieza especialmente agradecida: el adaptador de boca. Como los dos diámetros son fijos y conocidos, puedes hacer que una tapa de boca ancha sirva sobre un tarro de boca normal con un anillo de doble rosca. El tarro de boca normal tiene rosca macho de ~70 mm, así que el adaptador lleva en su barreno interior una rosca hembra normal (~70 mm) para enroscar sobre el tarro, y en su superficie exterior una rosca macho ancha (~86 mm) para que la tapa de boca ancha enrosque encima. Cada rosca va a su diámetro nominal, con la holgura de flanco solo en las caras hembra, e impresas ambas en la misma orientación vertical. Si lo que quieres es lo contrario —una tapa normal sobre un tarro ancho—, inviertes la pareja: hembra ancha por dentro, macho normal por fuera.

Sea cual sea la pieza, el orden de trabajo es siempre el mismo: identifica primero la boca real del tarro con el calibre, modela la rosca a su diámetro nominal con perfil redondeado, deja tu holgura de flanco solo en la pieza hembra, orienta el eje vertical y resuelve el sello con una junta contra el reborde. Si es la primera rosca de tapa que modelas, empieza por Modelar roscas y vuelve aquí teniendo presentes las dos cotas de boca.