Clickfinity: cubetas que encajan con un clic

11 min readUpdated jun 2026

Diseñaste una cubeta Gridfinity, la imprimiste y cae en su placa base con ese asiento suave que da gusto, y todo funciona: hasta que quieres colgar el organizador en la pared del taller o inclinarlo sobre un carro. Ahí la física que sujetaba la cubeta desaparece: Gridfinity confía en el peso, y el peso solo tira hacia abajo. Vuelca el panel noventa grados, y tus cubetas se van al suelo. Clickfinity nace justo de ese problema: en vez de dejar que la gravedad haga el trabajo, engancha la cubeta a la placa base con un clic elástico que también aguanta el tirón vertical. Ese clic, sin embargo, no sale gratis para quien imprime en FDM, y conviene entender por qué antes de decidir si lo quieres.

De caer por gravedad a engancharse

La interfaz de Gridfinity es deliberadamente pasiva. El pie de la cubeta lleva un perfil chaflanado que se autocentra al bajar sobre el alojamiento correspondiente de la placa base; una vez asentado, lo único que lo mantiene en su sitio es su propio peso más el rozamiento de los chaflanes. Es un encaje por gravedad: elegante, tolerante a la imprecisión y sin nada que se pueda fatigar, pero con una condición implícita: que la placa base esté horizontal, o casi. Inclínala lo suficiente y el chaflán, que solo sabe empujar la cubeta hacia arriba y hacia afuera, la deja escapar.

Clickfinity conserva ese pie de posicionamiento, pero le añade un elemento que Gridfinity no tiene: una lengüeta o un rebaje elástico que, al bajar la cubeta, se flexiona, salta sobre una ceja de retención de la placa base y vuelve a su sitio con un clic. A partir de ahí, la cubeta ya no sale tirando hacia arriba: hay que vencer antes esa retención. Es la diferencia entre apoyar una tapa y abrocharla: has pasado de un ajuste por gravedad a una sujeción positiva, y esa sujeción es lo que hace viable montar el sistema en vertical o inclinado.

Las cotas: la cuadrícula no cambia, el clic sí

Lo que hace útil a Clickfinity es que no reinventa la métrica de Gridfinity, solo su retención. El paso de cuadrícula sigue siendo de 42 mm, la huella de cada unidad se queda ligeramente por debajo para dejar el hueco de posicionamiento, y la altura crece en múltiplos de 7 mm. Mantener esas cifras es lo que permite que una cubeta Clickfinity y una placa base Gridfinity —o al revés— compartan retícula. La geometría del clic es lo único verdaderamente nuevo, y es también lo único sin una cota canónica establecida.

Métrica base heredada de Gridfinity (la retícula que Clickfinity conserva)
Magnitud Valor nominal Para qué
Paso de cuadrícula 42 mm centro a centro de cada celda
Huella de la unidad 41,5 mm (≈0,25 mm/lado de hueco) deja el juego de posicionamiento en el alojamiento
Altura por unidad 7 mm módulo vertical de la cubeta
Perfil del pie chaflán + tramo recto + chaflán (≈5 mm de alto) autocentrado al bajar
Geometría del clic (diente + brazo) sin cota oficial única retención elástica; la fija cada variante del repositorio

El clic es un encaje a presión en voladizo: oriéntalo bien

Un clic elástico es, mecánicamente, un brazo en voladizo que se flexiona para dejar pasar el diente de retención (el barb, en la jerga de los repositorios) y luego recupera su forma. Su rigidez —cuánto cuesta abrirlo y cuánto retiene— depende del grosor del brazo elevado al cubo: adelgázalo un 20 % y se vuelve casi la mitad de rígido. Pero en FDM hay una segunda variable que pesa tanto como la geometría, y es la orientación de las capas.

La flexión de ese brazo genera tracción en una de sus caras. Si imprimes la lengüeta de modo que esa tracción caiga perpendicular a las líneas de capa, estás pidiendo a la unión entre cordones que aguante el esfuerzo que más la castiga: la adhesión entre capas es la dirección débil del material, y el brazo delaminará a los pocos ciclos de clic; a veces, al primero. Orienta la pieza para que el brazo se flexione en el plano de las capas, con las fibras a lo largo del voladizo, y el mismo brazo aguanta cientos de inserciones. Este es exactamente el problema que desarrolla Encajes a presión aptos para impresión: en un encaje impreso, la orientación de capa no es un detalle de acabado: es lo que decide si la pieza vive o se parte.

El aplastamiento de la primera capa añade su propio sesgo. Si el diente o la ceja quedan contra la cama, esas primeras capas salen ensanchadas por el pie de elefante, y el clic engancha más de lo que dibujaste; si quedan colgando en voladizo, pierden nitidez y pueden descolgarse. Muchas veces, además, el diente tiene que quedar cerca de la cama y ninguna orientación lo evita, así que no te quedes en pensarlo: activa la compensación de pie de elefante del laminador para recortar ese ensanchamiento, o dibuja un pequeño chaflán en la base del diente que absorba el material sobrante de las primeras capas. Y mide el clic en la pieza impresa, no solo en el CAD: el pie de elefante desplaza la cota de encaje unas décimas que no ves en pantalla.

3D
La lengüeta en voladizo flexa sobre el labio y salta bajo él: el clic que sujeta la cubeta.

Las tres cotas del clic: solape, ángulos y deslizamiento

Un clic bien diseñado no tiene una cota, tiene tres, y confundirlas es el camino más corto a una cubeta que no retiene o a un brazo partido en el primer montaje.

La primera es el solape (engagement): cuánto monta el diente sobre la ceja de retención. Es el equivalente a la interferencia de un ajuste a presión —lo que de verdad sujeta— y en FDM sufre el mismo sesgo que cuenta Elegir ajustes: holgura, transición, interferencia: los rebajes hembra encogen y los salientes macho engordan, así que el solape real sale mayor que el nominal. Si dibujas un solape pensado para metal, en plástico te encuentras con un diente que no pasa o que revienta el brazo al forzarlo. Por geometría, un solape del orden de algunas décimas de milímetro —no micras— es lo que da una retención firme y repetible; la cifra exacta la fija la variante, y conviene validarla con una probeta antes de imprimir doce cubetas.

La segunda son los dos ángulos del diente, y son los que reparten el esfuerzo entre entrar y salir. La cara delantera —la rampa de entrada— gobierna cuánto cuesta abrochar: cuanto más tendida, más suave entra el clic. La cara trasera —el ángulo de retención— gobierna cuánto cuesta soltar: un ángulo trasero suave da un clic que se libera a mano, uno cercano a 90° da un enganche casi permanente que hay que forzar para abrir. Aquí está el error más habitual: cuando el clic no sujeta, subir el solape sin tocar el ángulo trasero. Eso carga el brazo en cada montaje sin darte más control; muchas veces basta con levantar el ángulo de retención para que la misma cubeta pase de soltarse sola a quedarse firme.

La tercera es la holgura de deslizamiento en los flancos: el hueco lateral por el que la cubeta baja y sube guiada por el pie, sin contar la retención. Aquí quieres lo contrario que en el solape: un ajuste que deslice sin agarrotar. Una holgura del orden de 0,10–0,15 mm por lado en PLA da un asiento que entra suave sin bailar; si te quedas en cero, el sesgo del FDM lo convierte en interferencia y la cubeta entra a martillazos.

Material y entorno: qué aguanta los ciclos

Toda la geometría anterior da igual si eliges mal el material, porque el brazo del clic es la primera pieza que se cansa. Un voladizo que abrochas y desabrochas a diario flexiona en cada ciclo, y el PLA es el peor de los plásticos FDM comunes para ese trabajo: es rígido pero frágil, se deforma poco antes de romper —del orden de un 2–6 % de alargamiento a rotura— y delamina a los pocos ciclos. Para un clic que se cicla, imprime en un material con más tenacidad: PETG, ABS/ASA, nylon (PA) o PP flexan cientos de veces sin partirse donde el PLA cede al primer puñado. Reserva el PLA para el clic que montas una vez y dejas puesto.

Pero "dejarlo puesto" no lo hace eterno, y aquí Clickfinity tiene una trampa propia de su caso de uso. Un diente que sujeta una cubeta cargada contra la pared está bajo tensión constante, y el PLA fluye poco a poco bajo carga sostenida (creep): el solape de retención se relaja con las semanas aunque nunca vuelvas a tocar la cubeta. El montaje permanente no elimina el envejecimiento del clic, solo cambia la fatiga de los ciclos por la fluencia bajo carga. Los mismos materiales más tenaces resisten también mejor esa fluencia.

Y el entorno remata lo que el material empieza. Clickfinity vive expuesto —paneles de pared, carros, sistemas que se transportan— y el PLA ablanda pronto: su temperatura de transición vítrea ronda los 55–60 °C. Una pared soleada, un taller o un garaje caliente, o el interior de un coche en verano, bastan para reblandecer el brazo, disparar la fluencia y acabar soltando la cubeta.

Cuándo Clickfinity y cuándo Gridfinity

La sujeción positiva no sale gratis. Un clic exige más plástico —brazos, cejas, un pie más elaborado—, más tiempo de impresión y, sobre todo, introduce un elemento que envejece: cada inserción flexiona el brazo y ningún voladizo impreso resiste ciclos infinitos, y en montaje vertical la carga sostenida lo relaja aunque no lo toques. Una cubeta que abroches y desabroches a diario se cansará por fatiga; una que montes y dejes colgada, por fluencia. El clic siempre paga un precio; solo cambia cuál.

Así que la decisión depende del uso. Si tu organizador va a estar tumbado sobre una mesa o un cajón, el encaje por gravedad de Gridfinity basta y sobra: menos plástico, nada que fatigar, tolerancia holgada. Reserva Clickfinity para cuando la gravedad no te ayuda —paneles de pared, superficies inclinadas, sistemas que se transportan o se vuelcan—, aceptando a cambio la pieza más pesada y el desgaste del clic. Si dudas, empieza por Gridfinity y pásate a Clickfinity solo cuando una cubeta se te caiga; el propio problema te dirá cuándo lo necesitas, y todo lo que aprendas dimensionando ese primer clic vale para Gridfinity: la cuadrícula de 42 mm hecha para encajar, porque la retícula por debajo es la misma.