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Diseñar para insertos térmicos

10 min readUpdated jun 2026

Una rosca impresa aguanta unos cuantos montajes y luego empieza a redondearse: las crestas de plástico se desmoronan capa a capa y el tornillo gira sin morder. Si una pieza tuya va a abrirse y cerrarse decenas de veces —la cubierta de una PCB, un soporte de motor, un compartimento de pilas—, la rosca impresa es el eslabón que va a fallar primero. La solución no es imprimir una rosca mejor: es no imprimirla. Asientas en caliente un casquillo de latón roscado dentro del plástico y dejas que el metal haga de rosca. El resto del artículo trata de la única pieza que de verdad diseñas tú: el saliente que lo recibe.

El latón funde el plástico, que al enfriar lo abraza

Un inserto térmico es un casquillo de latón con la rosca métrica ya mecanizada por dentro y la superficie exterior moleteada: surcos en diagonal o en cruz. Lo asientas con la punta de un soldador, y la temperatura que importa es la de la punta, no la de impresión del material. Para PLA basta con una punta a 200–230 °C; para PETG, algo más, en torno a 240–250 °C. Un soldador a esa temperatura deposita mucho menos calor en la masa del latón que un extrusor, así que el tiempo de contacto cuenta tanto como el número: quieres reblandecer la pared del agujero sin quemar ni hervir el plástico.

El latón caliente ablanda la pared del agujero; empujas con suavidad y el plástico fundido fluye hacia los surcos del moleteado. Al enfriar, ese plástico solidifica abrazando cada surco y bloquea el inserto en las dos direcciones que importan: no se sale tirando del tornillo (arranque axial) y no gira cuando aprietas (par).

La ventaja es física. Una rosca impresa pone toda la carga sobre unas pocas crestas de plástico apiladas a partir de capas, débiles justo en el plano entre capas, el más flojo de la pieza. Un inserto pone la rosca portante en latón y reparte la fuerza de arranque a lo largo de todo un cilindro moleteado que agarra el plástico por toda su superficie, no en unos pocos dientes frágiles. Puedes roscar un tornillo de acero y apretarlo a pleno par sin barrer la rosca. Para M2 hasta M5 —justo los tamaños donde las roscas impresas se pasan de rosca con más facilidad— es la unión roscada más fiable que puedes diseñar.

Un soldador presionando un inserto térmico de latón dentro de un saliente de plástico, mostrado en sección, con el moleteado mordiendo el plástico reblandecido
Un soldador presionando un inserto térmico de latón dentro de un saliente de plástico, mostrado en sección, con el moleteado mordiendo el plástico reblandecido

El agujero, algo menor que el inserto

El agujero piloto no se taladra al diámetro exterior del inserto, sino un poco más estrecho. Si lo igualas al exterior del moleteado, el inserto entra holgado, el plástico fundido no llega a llenar los surcos y acabas con un casquillo que baila y se sale al primer tirón. Si lo haces más estrecho de la cuenta, el latón debe desplazar tanto material que la pared se abre y se agrieta. El equilibrio está en que el moleteado muerda plástico suficiente para llenar sus surcos sin forzar la pared.

La cifra que de verdad manda es el diámetro menor del moleteado, no el exterior: el agujero piloto se acerca a ese diámetro menor, de modo que las crestas del moleteado se claven en plástico macizo. Por eso el piloto queda bastante por debajo del exterior del inserto, no apenas unas décimas. Un agujero demasiado próximo al exterior es exactamente el casquillo flojo que acabas de leer que hay que evitar.

Agujero piloto para insertos térmicos de latón
Rosca Ø ext. inserto (aprox.) Ø agujero piloto (de partida)
M3 ~4,0–4,2 mm ~3,4–3,6 mm
M4 ~5,0–5,6 mm ~4,4–4,8 mm
M5 ~6,4–7,0 mm ~5,8–6,2 mm

Toma la tabla como punto de partida, no como dato definitivo: el diámetro exterior real y el agujero recomendado cambian de un fabricante a otro, y la hoja de datos del inserto que has comprado manda siempre sobre cualquier tabla genérica. Imprime un saliente de prueba, funde un inserto y comprueba que agarra sin abrir la pared antes de lanzar un panel entero de salientes.

La pared del saliente: gruesa o se raja

El saliente es el cilindro de plástico que modelas alrededor del agujero, y su grosor de pared es lo que separa un inserto que sujeta para siempre de uno que raja la pieza al colocarlo. El fallo más común, con diferencia, es una pared demasiado fina que se agrieta: al colocar el inserto, cuando el latón caliente dilata el plástico y lo empuja hacia fuera; o más tarde, al apretar el tornillo, cuando la rosca metálica tira radialmente de la pared.

Una pared de saliente demasiado fina para su inserto, rajada por la costura de perímetros al entrar el latón (ilustración generada)
Una pared de saliente demasiado fina para su inserto, rajada por la costura de perímetros al entrar el latón (ilustración generada)

La razón es la tensión circunferencial, la misma que aparece en cualquier ajuste a presión: el inserto empuja la pared hacia fuera y esta se resiste trabajando a tracción en todo su contorno. Una pared fina no tiene sección con la que repartir esa tracción y cede por su punto más débil, que en una pieza impresa en vertical es la costura del perímetro: se descose de arriba abajo por una línea de capa. Una regla de seguridad cómoda para estos tamaños es diámetro exterior del saliente ≈ 2× el diámetro exterior del inserto, es decir, un grosor de pared de al menos un radio de inserto a cada lado. Muchas hojas de fabricante se conforman con menos —del orden de un grosor de pared igual al exterior del inserto—, pero el doble te deja margen para la dispersión de tu impresora sin pensarlo.

Y ese grosor debe ser pared de verdad, no relleno. El relleno disperso casi no trabaja a tracción circunferencial: es una malla con huecos, no un anillo continuo. Lo que resiste es el perímetro, el cordón que da la vuelta completa al agujero sin interrupción. Diseña el saliente para que la pared sea prácticamente todo perímetro —con boquilla de 0,4 mm, tres o cuatro perímetros son ~1,2–1,8 mm de pared continua que rodea el agujero—; sube los perímetros en esa zona antes que el relleno, que aquí apenas cuenta. Lo desarrolla Paredes, perímetros y relleno.

Avellana la boca y ajusta la profundidad

Añade un pequeño avellanado de entrada en la parte superior del agujero, un cono a 45° de profundidad aproximada igual al espesor de pared. Cumple tres funciones: guía el inserto al entrar, recoge el primer plástico desplazado en vez de dejarlo rebosar por el borde y deja una cara limpia y enrasada cuando el inserto termina de asentar. Ten en cuenta que un avellanado impreso en vertical sale escalonado capa a capa; un cono suave modelado de fábrica guía limpio.

Haz el agujero un poco más profundo que la longitud del inserto, para que pueda asentar enrasado o justo por debajo de la superficie. Ese pequeño hueco bajo el inserto no es estético: en un agujero ciego el plástico fundido y el aire que el latón empuja hacia abajo tienen que ir a alguna parte; sin sitio donde alojarse, presionan hacia arriba y el inserto queda alto o se expulsa al enfriar. Un agujero corto deja el inserto sobresaliendo y estorbando a lo que se atornille encima; si es demasiado profundo, no pasa nada: el inserto queda simplemente un poco hundido.

Demasiado calor también lo arruina

El agrietado no es el único modo de fallo, y el calor tiene dos extremos malos. Pasarse —punta demasiado caliente o inserción demasiado lenta— funde de más: el inserto se hunde torcido, el plástico fundido rebosa y burbujea por el borde y el saliente queda abombado, con la cara superior abultada en lugar de plana. Quedarse corto —punta demasiado fría o inserción demasiado rápida— no da tiempo a que el plástico fluya a los surcos: el inserto queda alto, el moleteado a medio llenar y el casquillo flojo, justo como un agujero demasiado ancho.

Entre los dos extremos hay una ventana cómoda. Empieza por el lado bajo de temperatura: si el inserto no entra con suavidad, sube unos grados antes que empujar más fuerte. Cuando veas plástico rebosando o burbujas en la boca, te has pasado de calor o de tiempo; cuando el inserto se queda alto y gira con el tornillo, te has quedado corto.

Funde el inserto perpendicular a una cara plana

Orienta siempre el agujero del inserto perpendicular a una cara plana de la pieza, no contra una pared lateral. El motivo es estructural y viene de cómo se apilan las capas. Cuando el inserto entra perpendicular a una cara plana impresa contra la cama, su empuje radial reparte la tensión circunferencial dentro de los planos de capa, la orientación favorable: el plano horizontal aguanta la tracción tangencial sin separarse.

Si, en cambio, fundes el inserto contra una pared lateral —con su eje paralelo a las capas—, el empuje radial del latón tira justo en el sentido que separa una capa de otra. Esa es la dirección débil de cualquier pieza FDM, donde el material solo conserva el 40–80 % de su resistencia, y el inserto la pone a tracción directa: la pared se delamina, se abre entre capas como las hojas de un libro, y el inserto se afloja o se sale. Si la geometría te obliga a poner el inserto en un costado, reorienta la pieza en la cama para que esa cara se imprima plana, aunque tengas que añadir algo de soporte en otro sitio. Por qué la orientación decide hacia dónde apunta la debilidad se explica en Paredes, perímetros y relleno y en Adhesión entre capas y anisotropía.

Con el saliente bien dimensionado, los insertos térmicos resuelven cualquier unión roscada destinada a abrirse y cerrarse muchas veces. Para roscas grandes —M6 y mayores, ruedas, tapones— a menudo compensa imprimir la rosca directamente; tienes el detalle en Modelar roscas. Y cuando prefieras que el tornillo entre por detrás de la pieza en lugar de roscar en ella, la solución es una tuerca cautiva: se explica en Tuercas cautivas y holguras de tornillo.

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